A pesar de haber sido para mí muy dificultosa su
lectura, teniendo que releer varias veces sus líneas para comprender cada idea
planteada, considero que es un texto que por primera vez, puso ante mis ojos,
mente, espíritu, corazón, en una misma oración las palabras “acción pedagógica,
poder, violencia, imposición, inculcación, autoridad, comunicación, enseñanza
escolar”, haciendo con ellas una combinación que no había hecho hasta ahora.
Definiendo una acción pedagógica, que tiene lugar en
un establecimiento educativo, como un acto de violencia simbólica, violencia no
tan obvia para mí; ya que inculca, impone un significado a alguien que está
siendo sin darse cuenta engañado, porque ese significado, concepto, idea, por
más “natural” o “eterno” que parezca, no siempre estuvo entre los contenidos a
enseñar, no es un conocimiento universal que derive necesariamente de una ley o
principio universal, ni de la naturaleza de las cosas. Que esa violencia
simbólica, existe en una comunicación pedagógica y asume la presencia de una
autoridad pedagógica que la legitima, hace ver el valor que tiene el mensaje,
la necesidad de aprenderlo, ayudando a hacer invisible su verdad objetiva de
violencia, imposición abritraria, haciendo así, efectiva la acción pedagógica.
Evidentemente, por más que hay aspectos para seguir
reflexionando, no pude evitar, pensar en mi quehacer docente, mi vida cotidiana
del aula y reproducir en mi cabeza diferentes momentos, que por más
“didácticos”,“constructivistas”, “renovadores” que me parecían, ahora soy
conciente de este poder que hace que formen parte del curriculum oficial y por
lo tanto de mi planificación y propuestas de trabajo. Empecé a preguntarme el
sentido de muchos de ellos, aún sigo naufragando sin divisarlos.
Me encuentro confundida, el hecho de pensar que uno
contribuye tan activamente en la perpetuidad y el refuerzo de una cultura
dominante, aunque concientemente luche a diario para vivir en una sociedad más
justa, palabra también compleja, donde no se naturalicen situaciones, ideas,
significados que no se deben naturalizar.
No contentos con esto, los autores me demuestran que
el método pedagógico también es seleccionado de manera aleatoria, respondiendo
a los intereses de un grupo o grupos dominantes, que quieren seguir siéndolo.
Convirtiendo a la enseñanza escolar en doblemente arbitraria.
Algunas cosas para seguir pensando, como sí es o no
completamente arbitraria toda la enseñanza escolar, yo acuerdo con lo que
plantean, autores como Tenti, Gramsci y Bourdieu, que la escuela puede formar
para la libertad, pero necesita para ello métodos, pensados, reflexionados.
Creo que en nuestra sociedad están en los albores quizás, pero están los
espacios para contribuir en la decisión de qué tiene sentido enseñar hoy en las
escuelas y cómo hacerlo y fundamentalmente, coincidiendo con Dubet y
Martuccelli (1998), los alumnos no son recipientes vacíos en los que volcamos
una ideología.